Interview with Amb. Francisca Elizabeth Méndez Escobar
Permanent Representative of Mexico to the United Nations in Geneva, on current challenges facing multilateralism
DOI:
https://doi.org/10.59673/amag.v4i1.159Palabras clave:
Multilateralismo, Gobernanza global, Naciones Unidas, Diplomacia mexicana, Cooperación internacionalResumen
En esta entrevista, la embajadora Francisca Elizabeth Méndez Escobar, Representante Permanente de México ante las Naciones Unidas en Ginebra, analiza los desafíos que enfrenta el multilateralismo contemporáneo y el papel de México en su transformación. Sostiene que el multilateralismo atraviesa una etapa de tensión política, cuestionamiento y desgaste institucional, pero continúa siendo indispensable. Más allá de los desacuerdos altamente visibles en materia de paz y seguridad, el sistema multilateral con sede en Ginebra sustenta una amplia cooperación en salud, telecomunicaciones, comercio, propiedad intelectual, derechos humanos, trabajo, migración, asistencia humanitaria, desarme y gobernanza ambiental.
Méndez Escobar destaca que mecanismos de composición más reducida, como el G20, la OCDE y el Grupo de Suministradores Nucleares, pueden complementar a las instituciones universales mediante la cooperación especializada y la construcción de consensos iniciales. Sin embargo, no pueden sustituir a las Naciones Unidas, cuyas fortalezas distintivas derivan de su universalidad, legitimidad y del principio de igualdad soberana de los Estados. El desafío central consiste, por tanto, en articular mecanismos flexibles con instituciones universales, en lugar de concebirlos como modelos contrapuestos.
La embajadora identifica la modernización institucional como un requisito esencial para preservar la eficacia del multilateralismo. La arquitectura internacional creada en 1945 debe responder a profundas transformaciones tecnológicas y demográficas, a una mayor interdependencia económica y a nuevos desafíos transnacionales. La reforma debe incluir al Consejo de Seguridad y las restricciones al uso del veto, además de revisar mandatos, reducir duplicidades, mejorar la coordinación entre organismos, incorporar nuevas tecnologías, fortalecer la diplomacia preventiva y la mediación, y utilizar los recursos con mayor eficiencia.
México, sostiene, puede realizar una contribución distintiva como constructor de consensos y puente entre posiciones geopolíticas divergentes. Su tradición diplomática, compromiso con el derecho internacional, participación en materia de derechos humanos y gobernanza ambiental, política exterior feminista y respaldo a la reforma de las Naciones Unidas proporcionan bases para desempeñar este papel. En última instancia, el futuro del multilateralismo depende no sólo de su supervivencia institucional, sino de su capacidad para generar resultados concretos y soluciones colectivas frente a problemas que ningún Estado puede resolver por sí solo.